Desde esta perspectiva, la educación Rosarista fundamentada en la filosofía Dominicana y en la visión filosófica de Santo Tomás de Aquino supone para la labor pedagógica dos compromisos a desarrollar: La enseñabilidad y la educabilidad.
La Enseñabilidad se refiere a la función histórica de la escuela de enseñar, compartir y construir los conocimientos propios de la ciencia y de la cultura con las estudiantes, es decir, enfocarse en el desarrollo de unos contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales que la sociedad ha definido como los pertinentes a ser aprendidos (estándares).
Dicha función constituye lo que en las teorías modernas (teorías de diseño educativo) se conoce como DISEÑO CURRICULAR DE BASE, o sea, el conjunto de proyectos curriculares que se desarrollan con la lógica disciplinar desde cada una de las áreas fundamentales, obligatorias y optativas definidas por la Ley 115 de 1994 y que se articulan en los llamados Planes de formación.
Por otra parte, La Educabilidad se refiere a la nueva función de la escuela de generar estrategias complementarias para propiciar la formación integral de las estudiantes, es decir, la de hacerse responsable del desarrollo humano integral mediante el despliegue de todas las potencialidades, contribuyendo a la concreción del perfil de mujer que se quiere formar.
Esta función constituye el DISEÑO CURRICULAR DE INNOVACIÓN, comprendido como el valor educativo agregado de la institución que le genera identidad en el contexto y que mediante el desarrollo de Proyectos Estructurales, permite incidir con propuestas concretas en la formación integral de las capacidades y dimensiones humanas.
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